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Jorge Leonidas Escudero

Poemas de Verlas Venir

Prólogo

Prologo esto porque estoy conforme con lo que hice, aunque no pude hacer más ni llegué a donde iba porque tampoco había previsto a donde ir. Entonces estoy conforme por haber caminado hacia una vez más.
He querido conversar con ustedes sobre las percepciones más intensas que tuve últimamente. Y como dije no sé a donde van estos poemas, sólo ocurren. Es decir, más allá de mí y de quienes los lean, estos poemas escarban. Ninguna bonitura los acompaña, ni oscuridades gratuitas ni malabarismos. Ustedes verán.
Anduve en las búsquedas por la búsqueda misma, por indagarme y dije lo que no alcancé a redondear bien porque ¿cómo decirlo? ¿Cómo? En la espera serena vi venir imágenes desde adentro y afuera, inválidas y válidas, y puse lo que puse en el papel, lo aventé hacia.
Mi escritura en los versos tiende a representar la palabra hablada, ello porque me las oigo decir y las digo, se me pegan en el oído pero no siempre. En cuanto a la puntuación, uso la corriente cuando la necesito. Esto es antiguo; y la no puntuación ya también se ha hecho vieja como así las palabras distanciadas sobre el papel en la línea del verso. ¿Y la famosa síntesis? Bueno, que cada uno escriba su poesía como más le guste; la verdad es que yo estoy en hacer, no en juzgar. Otra cosa: les digo que no pretendo algún objetivo útil, o preconcebido. No escribo "para", escribo poemas cuando siento necesidad y así conversar fraternalmente con algún caminante que pasa.
Verlas venir. Y sí, a las palabras que siguen las vi venir desde el fondo de nosotros.

 

Mudar

Así como una oveja quea esquilada
quiero perder la zoncera de hablar
sobre lo que abunda aburre y acalora.
Quisiera ser como la víbora
que bota la piel vieja cuando l´estorba.

Digo esto
porque anhelo sacarme de la cabeza
el tiempo acumulado ahí,
lo siempre mismo, el plomo y quisiera
desenredarme. Es
que me dieron cuerda y vivo programado.

Este o sueño de liberación me hace
dar vueltas y vueltas en la cama. Pobrecito
de mí buscarle a la vida
más patas de las usuales.

E encontrar la punta del hilo sería,
sacarme de encima basura, despiojarme,
pelechar ideas o como la víbora, dije,
que s´enrosca nun palo
y ahí deja colgada la piel antigua.

 

Oh ese bar

E estábamos en el bar La Gota de Grasa
famoso cubil de nocturnos. Óiganme,
no una noche ni dos jugábamos al truco,
no por chiste ¡epa!

Orejeábamos la noche sin apuro
y sucedía qu´el tiempo
sin avisarnos iba hacia hacete
de cuenta que estábamos en el paraíso.

Que hasta a la alba no cejábamos
de manejar cartas ahí
seguros de que nunca se nos secaría la lengua
por falta de reposiciones vínicas.
¿Dije bien?

Lindo tiempo ese el perdido,
pero conciso, lleno de hombría y amistad.
¿O qué otra cosa tiene mejor la vida
que darse el gusto uno sin ofender a nadie? Sí,
estuve revolcándome en La Gota de Grasa.
Y los moralistas vayan a otro bar a predicar
porque aquí los mirones son de palo.

 

Riña de gallos

Otra vez
por dormido mal anoche amanecí atravesao.
Por eso le dije a un amigo tu poesía
nada que ver con la poesía,
es harina de otra bolsa.
Y como el hombre se molestó
l´endilgué este discurso: ¿Qué ti has créido ah?
tirás la taba al aire y cuando cae culo
vos decís gané.
Además si tu asunto es engañarte hacé
lo que se te más guste,
largá ventosidades por la boca
y escribilas como poema, pero no me vengás
con que son verdades mundiales.

Cierto le pegué rudamente hoy
por las palabras bostezadoras qu´escribe y él
de manera peor me devolvió los palos.
Si mi abuela viviera nos hubiera dicho dejen
de darse picotazos en la cresta,
con su pan se la coman a la poesía.




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