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Alberto Muñoz y Javier Cófreces


Invitación a la presentación del libro
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Poemas de Venecia Negra

Prólogo

Hemos querido a través de este libro probar una ficción sobre Venecia, una ficción poética sobre ese extraño imperio que sigue en pie. Elegimos el agua como vehículo para narrar, cantar, recoger historias y antologar testimonios; el agua circunscripta alrededor de una ciudad sostenida milagrosamente, amenazada por las inclemencias del elemento líquido, que, a la vez, la enciende.
Todo se hunde en Venecia, pero reflota todo el tiempo. Los días y las noches devastan las fachadas de los palacios, el agua inunda sus pequeñas calles, pero la historia y sus habitantes las reconstruyen nuevamente, con propiedades que no parecen pertenecer a este mundo.
A partir de sencillas correspondencias postales, intuimos la necesidad de escribir sobre el lugar que desde siempre se nos impuso, como una fantasmagoría habitable, un paraíso perdido y ganado por la literatura, los barcos y los mapas.
Hemos querido a través de este libro probar nuestro amor por la "república mojada".

Poemas de Venecia negra pertenecientes al capítulo La Giudecca

La Giudecca

La señal del cielo está en el agua (1575/6):
La peste se lleva la mitad de la población
El contorno de la laguna es móvil
La salud se hunde en una herida mayor.

El martirio tiene su límite oceánico
En la Giudecca, el arquitecto Andrea Palladio
Propicia el encuentro entre la gracia y la epidemia
La muerte y la virtud pugnarán por su amén.

La señal continúa en la espina nupcial:
Los peces de oro (1575/2001)
Son la piedra de súplica
La piedad es una ausencia que se conserva mojada.

 

Judíos

Las señales divinas encallan en la Giudecca:
Un santo ilumina la procesión de desgracias
Una virgen protege la certeza del martirio
Una iglesia ampara un rosario de espanto.

La isla fue un asentamiento de judíos (giudei)
Un apóstol bendice la palabra "zudegá" (condenados)
Ante la sombra de próceres venecianos castigados con el destierro
Una góndola mortifica y nadie busca el origen de su madera negra.

Hecha con lo que el agua hace de la piedra
La Giudecca ejecuta una letanía con su violín navegable
Las playas dejaban de ser una residencia de verano
Los judíos leían el Zohar en ese póstumo jardín.

 

El lidi

Este lugar de agua espera en su línea de bancos de arena
Tiene un tiempo que no le pertenece a nadie: el altar
Líquido de las inundaciones
Una peineta de la eternidad barre el eje del Adriático.

Las piedras de Ruskin comparecen
–Su desprecio por San Giorgio Maggiore y por la corruptora Salute–
Ajenas al empeño de cargar sobre ellas
También la belleza se llena el estómago en el acqua alta.

Los rastros fugaces de gloria
Ahora son momias que el barro, el lidi, disipa en los zócalos
La marca de la ausencia es un estertor, sábado 4 de noviembre de 1966
Las aguas se han llevado todo.

Un filo prófugo es la amarra del puerto propio
"Lo que es de todos no se va", dice un veneciano clavando la compuerta
Algunas manzanas desembarcan en la materia
Algo se aleja para siempre.

 

Inundación en la casa de los botones

El viejo judío de la casa de los botones
Se resigna ante las señales del cielo
Levanta los ojos y mira la nube de humo
De las piras de cadáveres infectados.

Ha perdido todo con la inundación
El canale della Giudecca
Desbordó una furia líquida y
Su perro ahogado yace entre cajas blandas.

Una pieza de nácar que fue de la casa de Torelli
Abandonó el estante oculto tras un tabique
Descansa en el fondo del Canale dei Lauranesi
El lodo y el barro sepultaron la sustancia irisada.

El viejo judío de la casa de los botones
Se resigna ante las señales del cielo
El lamento del hombre es un pozo miserable
El lujo de Europa es una batalla de lombrices.

 

La lámpara de la peste

La lámpara de la peste
Es la luz mortecina del sagrario
Hay Dios como muerte, anuncia
El Dux y su séquito visitan al Redentor.

Borda contra borda los barcos son un puente
Las almas flotan amarradas a la calamidad
Un ancla finalmente las sumerge en
El tercer domingo de julio.

En la zona de las viguerías
Los cuerpos arden por la noche
Las luces se observan desde Dorsoduro
Un pedazo de Dios enciende fuegos de artificio.

 

Ventanas de la Giudecca

La gente cuelga ropa en las ventanas
Y en cordones aéreos
Que atraviesan las calles
Ropa íntima, un batón, un calzón, calcetines.

Una blusa que fue del color de las esquirlas
Una manta imantada de cenizas
La mujer apoya sus tetas desnudas en el balcón
Y extiende sus brazos húmedos como la ropa.

El cielo parece ahora una gasa lenta
El tiempo mojado de luto gotea
Las prendas penden por levedad
Las mangas azules dejan caer rocío: ceremonia del té.

Notas de Prensa de Venecia Negra

  • Diploma de la Cámara Argentina de Publicaciones. Premio Accésit. Bienio 2002/2003 (ir a nota)

  • Diario Clarín. Revista Ñ. 13 de Marzo de 2004 (ir a nota)

  • Diario La Nación. 2 de mayo de 2004 (ir a nota)

  • Diario El Litoral. 3 de Junio de 2004 (ir a nota)

  • Poesía de Rosario Nº 13/14 Junio de 2004 (ir a nota)

  • Diario La Capital. 31 de Octubre de 2004 (ir a nota)

Fotos de la Presentación


Javier Cófreces y Alberto Muñóz


Javier Cófreces y Alberto Muñóz


Los autores juanto a Rubén Iglesis y Gino Di Tulio, responsables gráficos de la obra


Claudia Tomás interpreta las canciones del Puente de las Tetas

 


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