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de Francisco Madariaga

 

 

 

Poemas de Un palmar sin orillas

Amanecer fluvial

Nuestro amargo subtropical melancólico con
            boca de serpiente canta en el embarazo
            de los ríos.
Ponedle una flor de agua a su veneno,
a su circulación maldita y pequeña,
a su labor de vendedor de bananas a la orilla
            del río diario de azúcar de sífilis de
            sonido.

La selva liviana

                    1

El sonido de un tren que se ahoga en la
            catarata de las hojas.
Al fondo de la selva liviana y los cocoteros
se hunde el nivel del llanto,
el peso entero de los sueños.
Peso entero del saco de perfume de la gracia,
estoy entre la espalda del paisaje y el
            ladrillo caliente del olvido,
viajando con un ardor de joya y sangre.
Escuchando el aullido de mi candor: mi nueva
            fiesta.

                    2

A paladas silbatos.
El tren se encierra en sí al borde de los
            esteros nocturnos.
Su polvo ciudadano tiene miedo a la gran
            humedad de la tierra,
al aire cálidamente eléctrico,
a los cisnes del negro vapor nocturno de la
            herida del mundo.

                    3

La imaginación arde envuelta en las ruedas
            de un tren desorientado.
Bananas y bananas caen al aire.
Una mujer desnuda una escopeta en un templo,
roe lentamente en el anillo de su corazón.
Frutera de la desgracia, frutera del destino.

Lágrimas de un mono

Yo quiero cautivar tu desperación, oh mono
            adiós.
Tiemblas tanto en tus islas negras, oh mono
            adiós.
En los embarcaderos el color encendido en tus
            ojos tiene tanta fe.
Oh mono, retén el equilibrio de tu asombro.
Yo ya tiemblo en tus islas, mono adiós.
Tu odio virginal es idéntico a cuando se cruza
            mi alma con el mundo.

 


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