

Concha García
|
Poemas de Un brillo del no
|
de Otra Ley (1987)
Retrato fingido
Algo de gozo, nunca un latido constante
y la forma de cerrar las ventanas
en un corredor resentido. Parece liviana.
Cuando surge de broches y maquetas es aún
silenciosa, turulata y cambiante
en recorridos viscosos. Parece loable,
sacrifica partículas con un tenaz
balbuceo entre toallas y peines.
Es yerta y fría, poco tocable. Se siente
enervadora y poco lucrativa
si le deja la lluvia panorama distinto.
Descorre camino muy punzón si salida
es tener hipo con asco o si mira
con un deshilvanado interés la espalda
de una gruesa mirada comedora
de ornamentados alfajores. Recorre tu tez
con los dedos. Es larga la costumbre
de poner intervalos. Perdona si sabe.
Dice que nunca se exalta y es brava
la forma de no acentuar en absoluto
las sílabas. Tampoco mora.
Ni habitaría.
Revisando los anaqueles
Se apoya hierática, como olvidando,
después de haber endulzado la tarde
con música, quiere lavar la ropa,
alcanzar los jerseys, tener un rito
seguro al atardecer.
Mira los anaqueles, son feos, es lo único
que puede pensar, que le estorban
tanto tiempo horizontales (¿cómo pueden
no doblarse jamás?) Recoge pedazos de telas
y se marcha. Alguien que la buscaba
ha dejado un aroma en su casa
antes de cerrar la puerta. Piensa
que nada es definitivo si se sigue creyendo.
Y da un puntapié a la alfombra,
escupe en el suelo.
Recuerdo después del diluvio
Maldijo un cayado, qué tonta,
por eso yo la tuve temblando
cinco noches. Sólo eso. Cinco
vómitos muy continuados
a medida que la luz repetía
esa osadía esclarecedora.
Me conmovió tanta escalera,
tanto peldaño,
y sus tacones.
|