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Alberto Muñoz

Poemas de Trenes

Código Morse

No fue culpa mía
haber tardado tanto en leer
tardado en escribir.
No es mi culpa que
bellota no vaya con v corta
como varrera
varita
vastón.
El abuelo sabía el código
Morse y nos escribía
a todos el nombre
en el aire.
Yo me llamaba: tac tac
tac tac tac.
Aprendí a leer con el oído
golpes en el aire
o gallinas
con las uñas sobre las
valdosas : tac tac tac tac
el nombre de mi hermano.
Las pelotitas de los árboles
sobre las chapas de zinc
haciéndole levantar
las orejas al perro.
Que culpa tengo yo
Que Banesa mi prometida
me corrija las iniciales
en la costra de los arboles
que va con v corta y yo la
pongo como Bictoria que
fue la anterior y que perdimos
un hijo que se iba a llamar
toc toc toc toc toc como
el abuelo que era un hombre
del ferrocarril del cual heredo
ese amor por el bicho carpintero
que escribe de corrido todo
lo que quiere
en vez de bolar.

Problemas con la vida de Gálvez

El problema que tiene Gálvez
consiste en la dificultad de
pronunciar la palabra vida:
no le sale vida.
Lo curioso es que Gálvez brilla
diciendo términos más complejos
como desnaturalizada mezquina
impía cochina.
No sucede así cuando se trata
de pronunciar vida.
No es incipiente tartamudez
como conjetura el Dr. Wilson
porque el no dice vi vi vi da da
Wilson no le llega al talón del
maleficio debería reparar en que
puede sin más decir letrinosa
amarga estupida traicionera pero
no vida vida no le sale.
Este es el tema (A) del conflicto
el tema (B) -Wilson llegó a anotarlo
en su notebook negra-
es que en vez de pronunciar vida
Gálvez pronuncia "viuda" aquí el confilcto
aquí el drama del pobre:
"es muy poco lo que puedo contar
de mi viuda"
" la viuda siempre te da una oportunidad"
"...es la viuda que me alcanza".
La risa extrema la burla
la incomprensión de sus compañeros
del ferrocarril.
Reparemos en el insidioso gesto
cuando Galvez acariciando la cabeza
del hijo del maquinista Reyes
espetó al inocente: tenés la viuda por delante.
El niño lo miró con los mismos ojos
con que el Dr. Wilson mira la notebook
los mismos con que el tero avisora la tormenta
y el canario el enjuague del Kacemaster.
¡Afasia! dijo J. R. Wilson del Hospital
de Clínicas: usted ha tenido un accidente
¿Yo?...pensativo Gálvez.
...cerebro vascular.
¿Es grave?...pensativo Gálvez.
Es serio -dijo Wilson- quitando los
ojos de la pantalla.
Gálvez se alejó del consultorio
llevando un papel que indicaba
estudios análisis fechas resonancias
un tubo para meterse como
cuando espiaba por una ventanita
la caldera de la locomotora: arrugó el
papel Gálvez.
Semejante disgusto
para los queridos: viuda negra.



 



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