
Jorge Leonidas Escudero |
Sala de espera
Hay alguien que bosteza abatido
¿debido a no atisba esperanza?
Un viejo cierra los puños y tiembla
¿al ver fantasmas que se le enciman?
Una mujer pernocta
con negros pensamientos y enmudecida
lagrimea. Aquel otro mastica chicle.
Estoy adolorido en la sala de espera
y ruego por la salú de mi hermana,
que no insista
en ocupar mi sitio en la fila de nichos.
Larga es la noche aquí nel sanatorio.
Veces la sala se apiada
de algún cansado concurrente,
le desgonza la cabeza sobre el hombro,
lo desenchufa de asuntos mortuorios
y le permite que ronque.
Tras la llave
¿Quién va? ¿Quién anda?
Díganme quién es y de dónde va a dónde
ese que ante mi puerta pasa a
ser feliz o a inmensamente
andar entre los que no aciertan una.
Pregunto e insisto porque anda ese hombre
con la lengua afuera por cansancio y sed
y yo corro igual ante espejismos. Buscamos
lo que jamás de los jamases, pero.
Esto es porque andamos
de modo picaflor en flores mientras
los gatos acechan. Miento,
no se trata de flores ni de gatos
sino de tantear piedras, ver si alguna
es la filosofal de toque para
cambiar nuestro mundo.
Y es mejor no decir más porque estamos
golpeando puertas del horizonte
con la cabeza y nos rebota, pelota,
sin que podamos agarrar la llave.
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