

Liliana Lukin

Invitación a la presentación del libro (hacer clic en foto para agrandar)
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Teatro de Operaciones - Anatomía y Literatura |
"Este nuevo libro de Liliana Lukin ( Cartas, Las preguntas, Construcción comparativa) se da a ver y a leer en un mismo movimiento envolvente, continuando con la tradición que la autora inaugurara con retórica erótica, (libro-objeto trabajado en el juego del cuerpo de mujer y del cuerpo de la letra). Pero ya ha cambiado la perspectiva, y en este nuevo Teatro de operaciones-Anatomía y Literatura, los cuerpos del placer se han transformado: el cuerpo que esta poesía escribe está abierto al saber y al dolor de saber.
'Campo quirúrgico' e 'Ingeniería natural' son las dos partes del libro Teatro de operaciones-Anatomía y Literatura, y los poemas, en un relato que recorre los textos, son duplicados por el juego visual y material de la edición: al correr del color ahuesado del boockcel impreso van apareciendo calcos con fotos de Gustavo Schwartz, una imagen de la serie de grabados anatómicos de Pietro da Cortona, de 1600 y grabados originales de la artista Hilda Paz. Así, entre la letra y el cuerpo otra vez, la autora, que desde 1978, con Abracadabra, explora la voz de una mujer, y que ha pasado por los registros más crudos de un ser expuesto a la muerte de los otros, a la maternidad, a su desnudez en todos los sentidos, con ironía, humor y erotismo, entrega aquí su versión del cuerpo femenino en el espejo de la naturaleza más íntima y secreta."
Fragmento de Teatro de Operaciones
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1
La sierra eléctrica trabaja
sobre los troncos peligrosos.
Mi estancia entre los pinos
se ha vuelto literaria:
en la trepidación del sonido
contra el cual despegar
mi escena de escritura,
escribo con temor y temblor.
Haber leído el testamento
de Rilke, esas cartas urgentes,
Cuando no había en mí urgencia
ni pinos, no mejora este momento.
Pero la memoria de una sierra
mortificando al poeta cada día,
hace de estos árboles cayendo
sobre mi cabeza otro peligro:
soñar sólo con maderos,
no soñar más que ruidos
en un sueño sin gente.
El aire blanco de la quemazón
es un himno entonado suavemente
que se levanta de los muñones
incrustados bajo tierra,
aún cuando todo ya ha cesado
como en el paisaje después
de una batalla.
Mi estancia aquí en la niebla,
entre el deseo y la voluntad,
es una prueba de resistencia,
un trato con la vigilia
en el que llevo las de perder.
2
Me acompañan todas
las noches de escritura
como fuegos fatuos
esos rescoldos quemando al ras
la memoria de los altos follajes.
Los veo -se ven- aquí y allá casi
cinematográficos: contrastes,
brillos, reflejos, movimientos
en el lugar del asesinato.
Pequeños incendios circulares
que penetran en el barro
alrededor de esa amputación.
Harán listones, tablas, leña,
un futuro de utilidad
para el árbol caído.
Pero yo he visto: el lazo atándolos,
el lento trabajo de los dientes,
el momento crucial
en que se desploman
como toros en la estocada,
entre los gritos y la fuerza
de los hombres.
Y quedan los grillos del crepitar:
lo que se queda no se duerme.
3
El humo viene a mí, se estrella
contra la ventana, se hace menos
espeso sobre los techos,
focos nuevos arden
grisados detrás de los árboles,
tapando un cielo de mica
que apenas roza el suelo
se golpea con el humo.
Estoy alerta en un sueño
con hombrecitos lejanos que operan
máquinas sobre las frondas, el musgo,
la densa capa de hojaldre de lo vivo.
Ellos tienen algo de lo que hacen:
astillados, indiferentes a su propia
quemazón.
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