
Héctor Freire
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LA APARIENCIA DEL DEVENIR
(Melocotonero en flor, Vincent Van Gogh)
La belleza de ese árbol, aislado por el efecto de la luz
tiene algo de ruina de piedra, de fósil florecido:
dicho paisaje estimula una relación con el tiempo,
crea una mirada y resta ambigüedad a la vista.
En la humildad de ese “acto”, la emergencia de lo visible
es condensación de lo que huye,
un instante en devenir interno.
“La política” de la luz radica en la sensualidad de los detalles,
actúa lo inaparente silenciado. Y presenta su paradojal evidencia:
nadie recuerda que es ella la que nos hace ver.
FALSOS HAIKUS
(Ondulaciones en el agua, M.C.Escher)
I
El espejo de agua formado
en lo cóncavo de la piedra
desmiente a la piedra.
¡Qué lectura, la del sol
en el ojo de agua!
Un leve parpadeo basta
para licuar el mundo.
II
La luz
se vuelve una hoja
en el crepúsculo.
Sombra en el agua
que tejió su mirada.
JAULA DE SU HORIZONTE
(Padre y niño contemplando la sombra de un día, Roberto Aizemberg)
Al amanecer, lo lejano del paisaje
desnuda en el agua su espuma de jazmines,
y desoculta del presente lo efímero del día:
en su sombra de luz certera
lo que descansa debajo de la superficie
es una pequeña música para los ojos.
Sin embargo, en cada instante de ese espacio
limitado por el marco no mirado
todo madura, ubicuo e interno.
¿Son pájaros o peces los que franquean esas aguas
y luego caen en un ámbito que ni dura ni pasa,
como un roce en un cuerpo sin memoria?
Newton fijó en esa caída una ley física,
pero nosotros sólo oímos cómo se rompe el silencio,
y engendra en su despliegue pequeños soles
que rápidamente se consumen.
En lo más claro de ese paisaje inmaterial,
el color es tiempo que dibuja un cielo protector.
Parece un espejo que duerme sobre las nubes:
un objeto de aire que no produce sombra
y donde lo humano flota sin raíces.
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