
Eduardo Mileo

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La obra de Eduardo Mileo ya no requiere presentaciones; cada uno de sus trabajos ofrece todas las virtudes y fascinaciones que el lenguaje poético es capaz de brindar al lector sensible. En este caso, el libro plantea la problemática del desocupado desde miradas insondables, que transitan los planos de la realidad con crueldad y desamparo, desde una belleza formal incomparable. El compromiso poético y social del autor se imbrica en 66 poemas inolvidables.
Poemas de Poemas del sin trabajo |
Paisaje con pescadores
Mediodía de lunes.
En la costanera los
pescadores disfrutan
del sosiego.
Soleado como Dios
el día los arrulla. Les
da la bienvenida.
Nada desafina pues
nadie canta.
Los diamantes del sol
caídos en el agua
reflejan el deseo
del sin trabajo.
El hilo de su luz lo va llevando.
Lo aleja de la costa.
Lo marea.
Lo tumba boca abajo.
Zamarrea
su ebria lucidez.
El gran desocupado toca tierra.
No hay pique. Los cansados
levantan campamento.
Ahogado está el espejo.
Amargos son los días
de infructuoso sendero.
Él sueña con labores
ruidosas como el mar.
Sueño con campesino
Un hombre vuelve solo entre las zarzas.
Los girasoles han rotado su cabeza.
Para verlo, desnudo como vuelve,
sin la ambigüedad de su atavío.
En una mano lleva la hoz.
En la otra mano lleva la horquilla.
Bajo el sol aplastante de febrero
su cabeza se confunde con el trigo.
Vuelve a la casa, pero no sabe dónde
hallará la paz de su tormenta.
Vuelve sin fe, y es el ángel
de su propio desamparo.
Cada cosecha, la misma monotonía.
La vida es así.
Cuando menos se lo espera,
empieza a llover.
Sin alas
La fe del sin trabajo es una rama seca.
Ni una gota de nada
ni una luz donde mirarse.
La pequeña congoja
es un pico de pájaro
que mira a los costados y
no entiende.
La fe se quiebra, ni un poquito
de su agua lo refresca;
su corazón ya no mueve
montañas.
La justicia es una ilusión.
Pero él es justo.
La congoja parpadea
en su pecho de pájaro.
En la ruta
El sin trabajo huele a quemado.
Su aspecto de sí mismo
lo descubre ante el mundo.
Como el amor se come con champán,
el sin trabajo no piensa enamorarse.
Pero vivaces
sus ojos se despiertan
cuando huele en el aire.
El sin trabajo cree en el humo
de las gomas encendidas.
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