
Eduardo Mileo
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Poemas de Poemas sin Libro |
Nocturno
El cielo está armado.
la tierra está armada.
El fuego.
El agua viva.
Aquí está tu coraza.
Mi espalda de timbales.
Aquí la noche líquida
incandescente
oscura.
Aquí mi corazón:
en la batalla.
Y tú
como mi suerte
estás echada.
La raya muerta
En su ademán inmóvil suspendida,
aparición en el alud de espuma,
esperando ya no,
desesperada,
la raya muerta.
Encadenada a su espejo de arena
como los astros a su eclipse, quieta,
cielo de biocas entreabiertas,
la raya muerta.
Muerta sin fin, sin alas, ciega.
Pájaro de tierra.
El mar la cubre y la descubre. Juega
con esa nia sin muecas.
Para la luz del sol.
Para una catedral de luz desierta.
Para la vida sin la vida. Huella.
Vuelo de hondura de la raya muerta.
Raya no de diálogo.
De fin.
Página suelta.
Rumor de mar.
Amores de América
desaparecen de su puerta.
Brilla el frío solar y apaga el cielo.
Abre los ojos la raya muerta.
No raya de pasión.
No de quimera.
Ni de alegría ni de esperma.
Virtud del agua que en el agua queda.
A su salud postrera,
el ojo del crepúsculo se incendia.
Raya sin alas.
Pájaro de guerra.
Murió de un pescador que vive en pena.
En el fondo del mar
la vida late.
Pero es del aire lo que vuela.
Lo indecible
La tinta se ha secado con el río.
Las palabras se han ido con la boca.
No es más real la mano que me toca
Que el húmedo silencio del rocío.
Recuerdo aquella noche y me sonrío:
la lengua titubeante, como loca,
la dentadura como prieta roca,
la luz como una sombra de navío.
He de guardar los ojos en el agua
de una lágrima viva pero inerte
que en el herido corazón se fragua.
Ha llegado la hora de ser fuerte.
Ahorca la memoria y se desagua.
¿Con qué vida se habla de la muerte?
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