

Jorge Carrasco
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Mis respetos
Mis respetos
Al que odia los actos y las actas
Al que teme a las enfermedades
Menos por cuidar los órganos
Que por perder su dulce anonimato
A quien aparta la memoria
De la biblia inútil del farsante
A quien se pone colorado
Apenas hieren su nombre
Mis respetos
Al que transpira en pleno invierno
Al que no está seguro de nada
Al que nunca se pone del lado de la mayoría
Al que desprecia las instituciones
Al que calla al que otorga al que no otorga
Al que tiene los bolsillos rotos
Al que orina sangre en silencio
Al que se mete las lagañas adentro
De los ojos para no ver su rostro
Mis respetos
Al que come de su mismo vómito
Al que se asombra de tener medio perfil
Los domingos de peces hambrientos
Al que empolla sin arrugar la frente
El huevo sucio de las humillaciones
Al que no tiene perfume en los sobacos
Mis respetos
Al cuchillo sin punta al tenedor doblado
Al piojo huérfano en el pelo del obispo
Del juez del presidente de la junta de vecinos
A la mosca que cae en la sopa del hambriento
A las hojas exteriores de la lechuga
Tantas cosas insignes
Pueblan en mi espacio mis pasiones
Pero sobre todo reverencio
Y esto es una cosa personal
A las tres goteras que horadaron
El humilde dormitorio de mi infancia
La deuda
¿Quién pagará el daño alzado
en el límite austero del gesto
con el trabajo de esta luz sorda?
¿Quién, con la copa verde
de tus salinas injurias,
brindó en el lodazal del maldito: avariento
destructor de tus unánimes sonidos?
¿Quién debió poner su rostro
a tus puños
y en su lugar,
mirando a quien hacía y pensaba,
sopló tus dedos temblorosos a una estela
de quemante vacío?
¿Quién te debió amar
más noblemente que ninguno
cuando tu torpe corazón se hundía,
sin guitarra,
en la ternura abstracta que no dio nada al mundo?
¿Cuántos te debieron dar
cuando tú no dabas?
¿Cuántos debieron extender la alfombra
bajo tus pasos extraviados?
¿Cuántos debieron empujar el puñal
que tú, oh justiciero de las sombras,
en sus mismos corazones clavabas?
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