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Monólogo interrumpido
Esto sucede en una habitación de mi cabeza
de cuyo trayecto no quiero acordarme
“El silencio es malo”
grita una mujer
que curiosamente pide silencio
cuando otros quieren escuchar música.
“Tragarse las palabras hace daño”
dice
pero no ha dejado ni una sola palabra en el plato.
“Es necesario pedir ayuda”
insiste,
mientras la sirena del coche de bomberos
aúlla en busca de un incendio desatado en otra cabeza.
Noticias policiales de la gleba
La fe de los creyentes
ha mutilado a este Cristo de palo
que sigue agonizando en la cruz.
Sus pies atormentados por un clavo
han ido desapareciendo lentamente
en las huellas dactilares
y en los labios resecos de quienes todo lo piden
agotado el motor de tanto esfuerzo.
El Cristo sin pies
ya no desvela a los funcionarios del templo
ni a las autoridades judiciales
que no sabrñian cómo rastrear
a lo largo de los años
u en población tan dispersa
el objeto sustraído.
Desde que un escultor
hoy anónimo
lo modeló ese rictus
la imagen del Cristo sufre sin parar.
Dicen que sus motivos son tantos
como hombres deambulan por el mundo.
Su dolor es atávico.
Su cansancio, inaudito.
A los pies ya ni los siente.
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