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Invitación a la presentación del libro (hacer clic en foto para agrandar)

Susana Carnevale

El octavo día

Tal vez su trayectoria periodística en destacados medios locales (Crónica, Diario Popular, Primera Plana) le hayan conferido a Carnevale esa mirada tan distintiva que caracteriza su visión poética: aguda, punzante y profunda. Los poemas recorren un espinel diverso y universal. Los espacios o anaqueles que ilustran la tapa de su libro son un símbolo de los huecos donde se instala su poesía, tan franca y abierta como elaborada y atrapante. 

Poemas de El octavo día

El resto de la noche

tendré miedo apenas quede sola
como esos niños indóciles
sin una persona que les asegure amor

quien comprenda sus afligidos milagros
sobre el iracundo extienda paños fríos
que ondinas y salamandras ya venden
los charlatanes de feria. Remedio tan parco
avergüenza mientras ruge ésta hambrienta
Por poco exijo centelleos no penumbras.
Apaciguo el enigmático pecho femenino esfinge
haciéndose después de los trajines animal crepuscular
pero cuánta calma implica su idioma y con cuánto
leona a medias asalta la línea / de una vértebra ajena
dice lo mío poético / pueril /
lo de ella alcanza a los demás.
Que quiera ser una y serse alguna vez todas.


Sala de espera

partículas / tres toques el carillón
apenas turgencia de gárgolas / atanor ni plaza
desnudando conmigo amanuense círculos mágicos

¿propósito excesivo? ¿más y más y más?
al menos una módica suma / de la refriega astillas
tales que no caiga sobre mí la fiebre de la pelea /
de tal polen asomos dulcificados / un perfil y / ambición
por ambición / místicas densidades aquí.

Pleno el rosal deja obrar su código en la planta venidera
semejante libar autómata / succiona / chupa instinto y yo
razono una república de palabras donde admitan alma
donde repartan un cáliz que retempló el canto gregoriano

guitarra y guarida haya donde cubrirse
unidad elemental espero que provea
la amorosa locación para otro cuerpo.

Probable

soltar amarras conlleva
desprenderse de antiguos sortilegios

para desvestir santos
rápido alborotan las parroquias su latido

una oreja autónoma chorrea ajenjo
de tanto cercenarla nómade
de vaga la mal entretenida
esa
ausculta el corazón que acelera

de salpicar el cuadro convencional
al límite loca de la cabeza incendia
el jardín de sus padres.

 


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