
Jorge Leonidas Escudero
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Un nuevo libro de Escudero nos introduce en el mundo poético que el autor forjó desde un modo propio y exclusivo. Su tono, sus temas, sus recursos ya nos resultan familiares, pero hay un imperativo que (le/nos) exige ir por más. Dicho en mí fulgura con la luz personal que la obra de Escudero impone desde la cordillera, con su poesía inspirada en un cosmos que instala a los lectores en un sitio próximo a la verdad revelada, con la simpleza de un canto abierto y transparente. En el último poema del libro, “Lo inefable”, Escudero escribe: “Como ya no me alcanza para decir tanto dejo esto antes del silencio total”. Se sabe, la palabra de Escudero no tiene fin, como aquellas “riquezas abandonadas” que evocara el inolvidable Edgar Bayley.
Y sí
Quiso decirme lo que yo tenía
en la punta del lápiz y no sabía escribirlo.
Vino de la sombra, de alivio,
llegó como el hipo que se mueve solo.
Porque es otro el que sabe
debo esperar a que hable.
Si yo abro la bolsa de palabras antes
y elijo,
saco lo que no sirve
Fue un relámpago y dijo
lo que dijo, pasó. Quedé
con la boca abierta ¡Ah eso es!
Es que se me en el oído
asentó un pájaro y dijo lo que yo intento aquí.
Soliloquiar
Estaba soñoliento nun banco de la plaza
cuando la soledá vino a decirme: ¿Qué
miras tanto de reojo acaso esperás
una chispa de la verdá última?
Me despabilé
y se me a la cabeza vino que
mirando así de refilón
a veces cacé una mariposa
y la puse en un verso.
Ntonces a la soledá no le gustó
mi pensamiento,
parece que tenía ganas de pelear
y dijo vos creíste
que eso que cazaste era un mariposa
cuando muchas veces fue sólo una mosca negra.
Me levanté del banco y caminé diciéndole:
señora, no sea imprudente.
La soledosa replicó:
chasmoscas negras dejaste nel papel
clavadas con alfiler,
¿De que te laj dai ahora?
Puede ser, musité, pero por ahí
alguna mariposita agarré
y eso es lo bonito, lo fiero
dejémoslo de lao, adiós me voy a dormir.
En la mar tenebrosa
Por impulso debido a ser como sos
vas metido en eso de carnívoras
flores que se alimentan de horizontes.
A otro mar podrías que no fuera a ese
donde es desbordarse de uno mismo ir
a jamás de los jamases.
Quedate, no avances, pero a qué decírtelo
si ya estás en eso y clausurada
la puerta de salida. No hay más
que seguir hasta lo último.
Sin desobediencia posible.
Ntonces ya sin vuelta estás metido
en eso de los vientos que empujan
hacia lo infinito.
Mírenlo, ahí va
en plena oscuridá a las ciudades de oro,
a las perlas de Cipango y cree
ir a la luz. Insiste.
Lo guía el canto de las sirenas
y el vuelo de los pájaros.
¿Ha descubierto qué?
¿La inutilidá de la existencia
y ahora corre tras la sombra de un sueño?
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