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La matinée danzante
Cuando los pies y los vestidos bailan
En la matinée temprana
Los corazones juntos
Enterrados bajo el musgo.
Las sesiones fragmentan manos
Carnes, pelo, vidrio, labios.
Pudiera el alma asir un trompo
En su movimiento solo
Pero en la sesión no hay juego.
Las parejas se mueren a la vera
Los niños no quieren tiempo.
La primavera en el desierto
Cruza un ave oscura. El pelo ha brotado en tu barba
Y en tus pestañas como una hierba roja.
Eres bello. Eres el giro de la tarde.
Gritan los aguiluchos al tiempo de partir; pero acrece
El deseo, retamo florecido en la primavera del desierto.
Tu mano fresca como un valle escondido precipita
El anochecer de los pájaros.
Baudillo el cabrero
Nadie sabe el color
Que diluye sus ojos
Ni por qué
No hacen ruido sus manos
Cuando bate las palmas
Pero desconfía
Del espacio que toca
Y del signo
De su paso incierto
Sobre la ancha sombra.
Sin embargo
Nunca lleva Baudillo
Cuchillo ni
Pedruzco afilado
Ni conoce otro tacto
Que el de cosas redondas
Como cerros o uvas
Corazón de avestruces
O de cabras.
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