
Pablo Kersner |
Poemas de Construcciones I y II |
1
En Oriente un caracol da entre tres y cinco vueltas al mismo árbol
en solo un día. Los especialistas en la materia lo llaman el camino sin fin.
La marcha es paciente y en círculo.
Cada vuelta es marcada por un hilo de baba por el que regresará
sigilosamente a transitar.
Recuerdo que de pequeo, en casa de los abuelos en Banfield, miraba con
atención como caían de los árboles o de la pared del patio, después que alguna
tormenta olvidaba apiadarse de ellos.
Tampoco se apiadaba José, el perro, que jugaba con ellos con la inocencia
y la brutalidad que tiene un animal domesticado.
Sospecho hoy, después de haber leído la biografía de estos seres,
que los caracoles hablan de lo que fuimos.
8
Un hombre que escribe duele.
Un hombre que escribe duele bien adentro.
Un hombre que escribe es un cadáver
que construye un texto con otro cadáver
que es el lector.
Un hombre que escribe es una obsesión
que tropieza siempre con el mismo relato.
Un hombre que escribe es un cadáver obsesivo
que no está muerto.
De esto da cuenta la poesía.
|
|
|
|