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Sebastián González

Poemas de Confortablemente adormecido

ocio

estoy descalzo
sintiendo el azulejo frío debajo de los pies
estoy mirándome en el espejo
debatiendo conmigo mismo
odio levantarme temprano y la danza contemporánea
(odio es una palabra muy fuerte)
estoy en la inactividad total
no genero demanda
no ofrezco un producto
estoy metiéndole el dedo en el culo al capitalismo
estoy haciendo la revolución
estoy en otra
mirando mis pelos en el lavamanos
la pérdida de imagen
la pérdida de tiempo
esas ojeras permanentes
esos puntos negros en la cara
soy un rebelde inactivo
un adelantado
en la calle uso lentes oscuros
y miro chicas
mucho más chicas
que yo
soy un degenerado
no tengo compromiso civil
no pienso en la familia
no sé
qué pasó
estoy fascinado en medio del ocio
chocando contra un iceberg
en la más
absoluta
quietud.

 

martes, tres de la mañana

anoche no podía dormir
y salí a dar una vuelta
nadie
en el centro
luces prendidas
en todos los comercios
cámaras
la casa esta en orden
hay galerías
pero nadie
papeles
papeles
papeles de colores
los afiches del que volvió a ganar
y que sonríe lo menos duro
que puede
y el otro también vuelve
porque todavía quiere más
camino hacia las vías
entro en el bajo
bordeo la plaza donde paran los travas
y no estaban ni los travas
no quiero decir que esperaba
que estuviesen
quiero decir que no había nada
silencio
un colectivo cada diez minutos
alguien que barría
más allá
las calles se oscurecieron
yo estaba ansioso
por llamarte
y bueno
lo hice
me encerré en una cabina
y te dije cosas
que no te había dicho nunca:
que quede entre nosotros.

 

discurso del método

no contesta, debe estar acostado, el chabón llega y se
acuesta, no quiere que lo vayan a ver, que lo llamen y
dejen mensaje, lo tiene guardado por ahí, en la casa
nada, ya le conocen todos los horarios, cada cinco
minutos le cae alguien, che, cómo andás, bueno, pasá,
nos vemos, chau, no da, tantos amigos no tiene, con la
mujer todo mal, ahora se maneja por teléfono te trae
algo y ahí ven, la vez pasada cayó acá, qué hacés,
cómo andás, empieza a sacar del pantalón, me dice,
“guardámelo un par de días que estoy hasta las
pelotas”, tres kilos, así, lo tuve como dos semanas,
cada tanto venía y se iba llevando, cien gramos,
doscientos, medio kilo, a lo último me quedaba un
pedazo así, cae y dice que no, que en el pantalón no le
entra, lo parte por la mitad, “tomá, quedate con esto”,
así , después no quería fumar más, a los pibes no los
podía echar, caía todos los días, che, loco, váyanse,
todos del orto, este es el mismo faso, rico, ¿tira?

 



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