
Alberto Muñoz
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Amelia
A mi madre, experta en belleza No haber nacido doctor como nacían en tu razón los hijos, haber preferido el río a tu debido campo de alazanes y mantas, oír mejor el crujido de los muelles que la madera hablada del violín.
Tu pequeño estado de la gracia ha derivado en las locas amadas, ¡oh, madre!
Ahora que estás en el frío reinado de las momias, necesito entrar por un vendaje a un filo de tu amada cabeza y pedir otra vez que digas a los carros que he nacido, que sepa la luna de los campos de Tres Lomas que mido un metro sesenta y cuatro y que llevo las cejas de quien te amó.
¡Oh, madre!, ¿te acuerdas de mí? Soy el de barba.
Balada de la cárcel de Wilde Soy Oscar, preso en Wilde. Tengo una flor en el ojal: un girasol.
Me pinto la boca con un trueno.
Ayer me dijeron que voy a morir de todo lo que me mata.
A veces, cuando se apagan las luces de la cárcel, me quedo con los ojos abiertos y vienen a pedirme que los cierre, que el mundo no puede dormir cuando tengo los ojos abiertos.
La fuente blanca
A la orquesta El destino
Pedí tres deseos tirando una moneda en la fuente blanca.
El primero se cumplió: yo deseaba tener una moneda para arrojar en la fuente blanca.
El segundo deseo también fue cumplido: yo deseaba encontrar una fuente que no fuera negra para arrojar la moneda.
El tercer deseo se está cumpliendo ahora: yo quería que escucharas cuánto te deseo mientras arrojo mi moneda en la fuente blanca.
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