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Ezra Loomis Pound


Jorge Aulicino, compliador de Argentarium.

 

Argentarium

Bajo el nombre de Argentarium esta obra presenta una antología bilingüe de los poemas cortos de Ezra Loomis Pound, en versiones de trece poetas argentinos. La selección, a cargo de Jorge Aulicino, incluye un dossier  fotográfico y promueve el acceso a uno de los más geniales y controvertidos escritores del siglo XX, que vuelve a publicarse en la Argentina luego de más de dos décadas de ausencia editorial.

Poemas de Argentarium

The tomb at Akr Çaar

I am thy soul, Nikoptis. I have watched
These five millenia, and thy dead eyes
Moved not, nor ever answer my desire,
And thy light limbs, wherethrough I leapt aflame,
Burn not with me nor any saffron thing.

See, the light grass sprang up to pillow thee,
And kissed thee with a myriad grassy tongues;
But not thou me.
I have read out the gold upon the wall,
And wearied out my thought upon the signs.
And there is no new thing in all this place.

I have been kind. See I have left the jars sealed,
Lest thou shouldst wake and whimper for thy wine.
And all thy robes I have kept smooth on thee.

O thou unmindful! How should I forget!--
Even the river many days ago,
The river? thou wast over young.
And three souls came upon Thee--
And I came.
And I flowed in upon thee, beat them off;
I have been intimate with thee, known thy ways.
Have I not touched thy palms and finger-tips,
Flowed in, and through thee and about thy heels?
How 'came I in'? Was I not thee and Thee?

And no sun comes to rest me in this place,
And I am torn against the jagged dark,
And no light beats upon me, and you say
No word, day after day.

Oh! I could get me out, despite the marks
And all their crafty work upon the door,
Out through the glass-green fields....
.........

Yes it is quiet here:
I dont not go."

De Ripostes, 1912


La tumba de Akr Caar

Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado
Estos cinco milenios; y tus ojos muertos
No se movieron, ni han respondido a mi deseo;
Y tus miembros ligeros, que recorrí llameante,
No se han ardido por mí, ni por azafranada cosa alguna.

Mira: la hierba, al crecer, te ha formado una almohada,
Y ha besado con miríadas de labios herbosos;
Mas tú no me besaste.
Gasté, de tanto leerlo, el oro en la pared,
Y fatigué mi pensamiento en los signos.
Y no hay nada nuevo en este sitio.

He sido amable. Mira, dejé los cántaros sellados,
Para que, si despertabas, no echases de menos tu vino.
Y cuidé que tus ropas te estuvieran cómodas.

¡Oh, despreocupado! ¡Cómo podré olvidar!
-Ni aun el río, hace tanto tiempo.
¿El río? Era menos que joven,
Y tres almas vinieron hacia Ti-
Y vine yo.
Y volé sobre ti, las hice huir;
He estado en tu intimidad, conocido tu modo de ser.
¿Acaso no he tocado tus palmas y la punta de tus dedos?
¿Acaso no me he deslizado por allí, y a través de ti hasta los talones?
¿Cómo entré? ¿Acaso no era yo tú y Tú?

Y ningún sol viene a ayudarme en este sitio,
Y estoy desgarrada contra la escabrosa oscuridad,
Y luz alguna cae sobre mí, y tu no dices
Palabra día tras día.

¡Oh! Podría abrirme camino, a pesar de las señales
Y toda su hábil labor sobre la puerta,
Salir a través de los campos de verde cristal...
.........
Mas quietud aquí.
No me voy."



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