
Jorge Leonidas Escudero
|
Poemas de Andanzas MIneras |
El empecinao
Aquí anduvo un tozudo hombre buscando,
en esta altivez de los cerros sanjuaninos,
el fabuloso tesoro que cuentan
era para el rescate del inca Atahualpa: siete
cogotes de guanaco pupudos de oro.
Muchos años vino a buscar tal riqueza
y se le puso la barba blanca de no encontrarla;
pero firme en su idea
no cejaba de llevarla entre ceja y ceja.
Nos hicimos amigos y en mis adentros
lo bauticé El Empecinao, justamente
porque cada vez que me lo topaba en el cerro
me hablaba de su sueño y sonreía feliz.
Pero el verano este ya no vino
y el anterior tampoco.
Sospecho que murió directamente
o algo peor todavía, que se desempecinó
y al perder la alegría de buscar el tesoro
quedó muerto en vida.
Carta de cateador
Sobre las piedras duermo o no duermo
mientras en el acerillal el viento rumia
mis pensamientos
y dice la riqueza
que voy a sacar de este cerro. Creo
que sigo en buscar lo que te dije está,
aunque todavía no, prontito será.
Mirando hacia lejos pregunto
cómo estarás allá y me duele
pensar que sobre tus hombros el peso de todo.
Eso me desvela pero ¡ah!,
pedí fiao en el almacén que yo
para pronto estaré allá y pago.
Mientras tanto la luna aquí habla de fortuna,
y no porque busque la rima,
sino porqué sé lo que sé de cómo y cuándo.
Cuando entorno los ojos y miro la luna.
Y ya sé ya sé, últimamente soy culpable
por abuso indebido de buscar. Hasta pronto.
|
|
|
|