Clarín, Buenos Aires. 6 de septiembre de 2006 |
TEATRO : ACERCA DE "LA MARCA DE CAIN"
La rara marca de Alberto Muñoz
Una parodia y un homenaje a la cultura. El autor encontró en el radioteatro un formato escénico a su medida.
Por Susana Villalba ESPECIAL PARA CLARIN
Si la cultura es Abel, lo que hace Alberto Muñoz es No-Abel. No necesariamente Caín ni contracultura, es traición-traducción-tradición. Lo mismo pero otro, visto a través del espejo de Alberto Muñoz que, como un Lewis Caroll criollo, juega a que juega. Porque cuando un chico imita las formas de la cultura, así como muestra que lo fascinan y que lo formaron, en su parodia inocente también deja a la vista el patetismo y el peso negativo. Eso es La marca de Caín, con esa inconfundible marca que viene dejando Muñoz desde que comenzó con Músicos Independientes Asociados en el 80, por ejemplo el uso de lo que hoy se llama cotidiófonos: una cafetera a modo de megáfono, una cortina de cadenillas a modo de viento, y todo a la vista en un supuesto estudio de radio dentro de un teatro. ¿Es La marca de Caín un radioteatro, teatro, recital de poemas, ópera, cantata, unipersonal, texto sonoro, partitura de palabras? Sí y no.
Caín y Abel. Por anterior a la tragedia griega es hipermoderno. Y viceversa. Es el mito de Abel y Caín —y también de Seth, tercer hijo de Adán y Eva— encarnado en la historia de los mellizos Cuevas en un taller mecánico, relatado por padres y vecinos, analizado por un explicador, un periodista, un locutor y un poeta latinoamericano que más se parece a Fidel Castro, todos encarnados en un relator-sonidista-actor-poeta, o sea Alberto Muñoz, secundado por un excelente coro. ¿No será mucho? ¿No será poco? Muñoz bebe en este arte para no deber lo que ve, dice. Y deudor de los libros de Salgari y de la historia de Tarzán, de la radio y del circo criollo, de los viejos anarquistas, de los filósofos de barrio y de todo personaje ridículamente entrañable que anda por ahí hablando solo, Muñoz los bebe y tributa lo que les debe. Y afortunadamente sigue siendo "ochentoso", o sea, un gran desparramo que no se pregunta si va a funcionar o no. Cómo saberlo, Muñoz sólo se parece a Muñoz, como Abel a Caín.
Desde su primer libro de poesía, Floresta poemas, hasta el reciente Trenes, lleva publicados diez, sin contar los escritos en colaboración, como Canción de amor vegetal, con Javier Cófreces. Tiene varios cds editados, con o sin su Orquesta El destino. Y otros cantantes, como Liliana Vitale, grabaron temas suyos; recientemente sus tangos fueron grabados por Claudia Tomás. Las presentaciones de estos discos suele ser también entre un teatro musical y varieté. Fue guionista de programas televisivos como Okupas y realizó piezas de teatro musical, como Los últimos días de Johnny Weismüller.
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