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Presentación de las Severas, 31 de octubre del 2008,
en el Gran Hotel Bariloche,
en San Carlos de Bariloche.

LAS SEVERAS de Horacio Herman
por Graciela Cros

Buenas noches, para mí es una gran alegría compartir esta celebración con Horacio y con Uds. Si alguien piensa que estoy aquí porque soy amiga del autor, está en lo cierto, es verdad. Horacio es un amigo muy querido. Él y su familia. Sin embargo, no está de más señalar que estoy para hablar de la obra porque el libro me interesa, la poesía que contiene me parece valiosa y necesaria.

Porque, finalmente, en el arte no existen las miradas objetivas.  Hay miradas emocionales, sensibles, afectivas, que a la hora de la calificación última, dejan atrás todo el andamiaje conceptual de la crítica académica para terminar en un contundente e inapelable: me gusta, o no me gusta. Creo, también, como el recordado Paco Urondo, que “La amistad es lo mejor de la poesía” y festejar la aparición de “LAS SEVERAS” de Horacio Herman es una ocasión de ésas en las que se confirma lo dicho por el poeta Urondo.

Alejandra Pizarnik hacía esta reflexión: “Nos vienen previniendo, desde tiempos inmemoriales, que la poesía es un misterio. No obstante la reconocemos: sabemos dónde está. La pregunta ¿qué es para usted la poesía? merece una u otra de estas dos respuestas: el silencio, o un libro que relate una aventura no poco terrible: la de alguien que parte a cuestionar el poema, la poesía, lo poético: a abrazar el cuerpo del poema, a verificar su poder encantatorio, exaltante, revolucionario, consolador. Algunos ya nos han contado de este viaje maravilloso”.

En LAS SEVERAS Horacio Herman da cuenta de ese “viaje maravilloso” y nos invita desde sus textos a embarcarnos con él en esa travesía timoneada por el “poder encantatorio” de su palabra.

“La poesía es un misterio”, y el primer misterio del libro  aparece -espléndido y rotundo-  desde el mismo título. LAS SEVERAS. Uds. pueden preguntarse, como lo hice yo en su momento, ¿por qué LAS SEVERAS? ¿qué son LAS SEVERAS?

Hay autores que tienen claves en el punto de partida de una obra, o mejor dicho, hay “obras” que eligen desarrollarse a partir de determinadas claves iniciales: por ejemplo, el título, la primera línea, una imagen. Le pregunté a Horacio por esto y me explicó que, efectivamente, en esta obra había sido así, que surgió el título y la primera línea, y el rumbo entonces estuvo trazado, definido.

Haciendo gala de inteligencia poética y de intuición creativa, Horacio elige este título y no otro, y se queda con él. Nosotros nos preguntamos el por qué de ese femenino plural. LAS SEVERAS. En el cambio de género y número, en ese juego entre “Lo severo”, (que según una de las acepciones de la Real Academia, es aquello que es grave, serio, mesurado), y “La severidad” (cualidad de severo) surgen a ser “LAS SEVERAS”; hay un tesoro, un hallazgo poético, un atreverse con la palabra en ese título. Una manera de nombrar propia, aquello que define a la poesía y a un poeta.

Titular una obra no es tarea menor. Por el contrario, es un gesto relevante, significativo, trascendente; dentro del trabajo poético hay un deleite en llegar al título, a esa suerte de primera línea, primer verso, a ese portal de entrada a la obra, a ese señuelo magnífico que es el título. LAS SEVERAS, como título, reúne todas las condiciones. Nos atrapa. Nos deja pendientes. Necesitamos abrir el libro y leerlo para saber de qué se trata. La poesía que se cobije bajo ese título tiene que estar en ese soberbio nivel de logro, y en esta obra, lo está.

No se puede “contar” un libro de poesía como hacemos con una novela o un cuento donde hay un argumento para relatar. Pero el lector, al que imagino intrigado ante el título, se pregunta: de qué habla este libro, cuál es su tema?

La respuesta es simple: aquí se dan las gracias. El  poeta, saca de su galera de mago este recurso de estilo: dar las gracias, a esto y aquello, a lo que ve y a lo que intuye, a lo que ama y a lo que  teme, a lo que admira y a lo que aborrece, a lo que lastima y a lo que nutre, a lo que atormenta y a lo que sosiega, sencillamente eso, agradece.

La estructura del libro es la de un largo poema separado en segmentos, prefiero decir segmentos y no fragmentos, porque fragmento da idea de fractura y eso en este libro no se da, por el contrario, hay una continuidad absolutamente fluida de comienzo a fin, a través de estos 59 poemas cortos, que funcionan como eslabones de una cadena, uno por página, en total 59, creo, de los cuales sólo 3 no comienzan con la palabra “Gracias”.

Entonces, qué tenemos? agradecimientos, sorprendentes, imprevistos, reveladores, o tal vez, visiones apremiantes, aterradoras, proféticas.  

Un poeta debe decir lo habitual de manera no habitual, como pedía el chileno Vicente Huidobro, así nos habla esta obra. Horacio Herman “dice” de manera “no” habitual. No quiero citar demasiados versos para no superponerme a la lectura que se va a hacer luego pero sólo me quiero detener en éste: “Gracias a la decisión de hablar propio”. Allí está el poeta que busca su voz, única, singular, el poeta que alumbra su “estado de gracia” en la palabra, en el “hablar propio” y en LAS SEVERAS lo encuentra.
 
En este fresco personal, en este mural abarcador y diverso, en este inventario, catálogo, poema-río pródigo en imágenes, en metáforas, algunas fuertes, intimidantes, otras sencillas, cotidianas, domésticas, nos vemos reflejados. Allí están el amor, el dolor, la pérdida, el fracaso, el horror, el hambre, el vacío, la plenitud, el miedo, lo desconocido, todo lo que nos constituye y que muchas veces preferimos no ver.  Acerca de preferir, dice el autor: “gracias al verbo preferir/ prefiero aquí o allá” y me resulta inevitable no asociarlo con el personaje de Melville, “Bartleby, el escribiente”, que sólo decía “Preferiría no hacerlo”.    

Porque el autor es también un lector, un poeta es un lector, y no sólo de poesía, sino un lector voraz y ecuménico, como es el caso de Horacio. Sus lecturas asoman a través de señales, indicios, guiños cómplices, como ese verbo “preferir” y la alusión a Bartleby, el escribiente. O la mención del “peruano en época de lluvia”, que nos hace pensar en César Vallejo, en aquellos versos memorables, “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo”. O la que habla de los tomadores de vino Walt y Pablo, ahí podemos imaginar a  Withman y Neruda, o por ahí a Withman y otro Pablo, de Rokha o Picasso.

          LAS SEVERAS aparece entonces como un libro río, un libro catálogo o inventario en el que se lleva a cabo un relevamiento subjetivo, sensorial, imaginativo, e ideológico. Aquí el poeta, culto a la manera de los clásicos, se propone nombrar con rigor, con severidad, todo lo que es en su mundo. A través de la palabra gracias que se repite a lo largo de toda la obra, como hilo conductor y a la vez como eje, leiv motiv, aquello definido por la oscuridad, el abismo, la sombra, lo maligno, se equilibra con la claridad, lo luminoso, lo esperanzado, y adquiere una cualidad de “aceptación”. En este buceo existencial hay gratitud como aceptación, aún ante el horror y la pérdida, gratitud como reconocimiento de aquello que es.

Felicito a mi querido amigo Horacio Herman por este primer libro tan auspicioso, quedo a la espera de los muchos otros que vendrán, seguramente, a consolidar su-ser-poeta-en-el-mundo y los invito a Uds. a leerlo, a emprender ese viaje maravilloso del que hablaba al principio. Me toca a mí, ahora, dar las “gracias” a Uds. por la atención. Muchas gracias.

 

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