El país que nos habla de Ivonne Bordelois. Editorial Sudamericana. |
(...)¿Quiénes de entre nosotros conocen la obra de Jorge Leónidas Escudero –a pesar de que haya sido antologazo en Buenos Aires y en México-, un poeta sanjuanino octogenario que jamás descendió o condescendió, mejor dicho, a Buenos Aires? Aquí va un ejemplo tomado de su libro Endeveras:
Frío
Recuerdo aterido
cuando saliste a defender mi vida.
Fue allá en un pueblo grisáceo, en un baile
perdido bajo las estrellas.
Noche de alcohol y mortecina luz
el pueblo ese donde salió un borracho
a disputarse no sé qué a muerte
y vos le arrebataste el cuchillo.
María de frente, oh brava María
¿dónde estás ahora y dónde aquel que fui
joven imbécil de palabra florida? Veo
esas calles de tierra, casas achatadas
y jinetes yéndose en la despedida.
Después a vos María
ese cuchillo que desde el horizonte yo
y no pudiste arrebatármelo.
Ahora es tarde, tardísimo
y cae nieve sobre aquellos días.
Aquí el lenguaje se vuelve aguafuerte lejano, trazo necesario, narración desnuda, humildad y misterio. Lo ineluctable, lo culpable, lo irrecuperable están dichos con suprema concisión, con puntería despiadada, por “aquel imbécil que fui, de palabra florida”. Cuchillo, despedida y nieve emanan un frío invencible, una memoria congelada: “… un baile perdido bajo las estrellas”. Cuando un poeta es verdadero – y Escudero, por su verdad oscura y ósea, nos recuerda al gran César Vallejo, de quien es hermano evidente-, las palabras más coloquiales y sencillas, las rupturas sintácticas, los abruptos suspensos bastan para trazar la escena de la tragedia y conmovernos, sin alardes retóricos, sin hermetismos ni sentimentalismos. Estas pobres palabras talladas a cuchillo levantan de pronto un escenario imborrable, entre columnas de sólido silencio. Esto es lo que logra quien hunde la mano en las raíces del lenguaje y no en su propia vanidad. Pocos son en nuestros días los que así se atreven y así lo logran. (...)
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